LAS RELACIONES EE.UU. - LATINOAMERICA: LA POLEMICA ANTE LA PRESENCIA DE TROPAS DE EE.UU. EN TERRITORIO PARAGUAYO
Dura reacción de Brasil por la llegada de marines a Paraguay
El canciller Celso Amorim, en un diálogo con Clarín, reclamó a Asunción que respete sus obligaciones con el Mercosur. Y le exigió "transparencia" en su reciente acuerdo de cooperación militar con EE.UU.
________________________________________
Eleonora Gosman. SAN PABLO. CORRESPONSAL
El gobierno brasileño es discreto pero no deja de expresar sus aprensiones por el giro de las relaciones militares de Paraguay con Estados Unidos. El canciller Celso Amorim reclamó "transparencia" en los acuerdos celebrados por ambos países. Y subrayó lo "innecesario" de una base estadounidense en ese país del Mercosur.
El jefe de la diplomacia brasileña reaccionó de ese modo tras una investigación del diario Clarín, publicada el domingo pasado, en la que se informó sobre el debate abierto por la inmunidad concedida por Asunción a 400 "marines" para que cumplan 13 ejercicios militares en su territorio hasta diciembre de 2006. Desde junio, cuando este diario reveló que la inmunidad había sido aprobada por el Parlamento, el tema desata sospechas por una posible instalación de una base militar de EE.UU. en el vecino país, lo que Asunción niega.
El lunes, fuentes del gobierno argentino admitieron a Clarín que, jurídicamente, no se puede impedir la presencia de tropas de EE.UU. en Paraguay. En Asunción, opositores y expertos militares también se mostraron preocupados por el tema. Desde Washington, ante consultas de este diario, analistas de inteligencia plantearon sus suspicacias sobre "una agenda oculta" de EE.UU. (Ver Un tema...).
En una comunicación telefónica con esta corresponsal desde Guatemala, el canciller Amorim recordó ayer que "Paraguay es un país soberano", pero que tiene obligaciones firmadas con el Mercosur. Al ministro le preocuparon también las declaraciones de las autoridades paraguayas que ambicionan un pacto de libre comercio, por cuenta propia,
con el gobierno de George Bush. Según el ministro brasileño, "cuando se realizan acuerdos económicos hay una elección y en este caso Paraguay debe comprender que la opción es entre el Mercosur y otros eventuales socios. Un acuerdo comercial a solas no es compatible con los demás socios del bloque".
Hace unos días, Amorim declaró a la agencia Reuters en Bariloche: "Creo que la cuestión de la seguridad y la defensa en América del Sur, cuánto más sea garantizada dentro de América del Sur, mejor para todos nosotros". Fue al evaluar la visita que el secretario de Defensa Donald Rumsfeld hizo el 16 de agosto a Asunción, donde se entrevistó con el presidente paraguayo, Nicanor Duarte Frutos. Esto indicó hasta qué punto el asunto preocupa a Itamaraty. Antes de eso, Amorim había advertido en Montevideo: "No vemos las razones para que haya una base militar de EE.UU. en esta región".
Fuentes brasileñas consultadas por este diario no dudaron en subrayar los riesgos que se insinúan en el horizonte geopolítico. "La aproximación militar de Paraguay con EE.UU. es vista como una amenaza. Liquida todas las posibilidades de defensa", declaró el profesor Eurico Lima de Figueiredo, titular del Núcleo de Estudios Estratégicos de la Universidad Federal fluminense.
—¿Por qué razón?, indagó Clarín.
—Porque Paraguay se puede transformar en un inmenso portaaviones en el medio del Mercosur, respondió el experto.
Figueiredo subrayó que en las Fuerzas Armadas brasileñas existe una convicción: "Por detrás del acuerdo entre Paraguay y Estados Unidos hay cláusulas secretas que deben colocar en alerta a las autoridades civiles y militares de los países vecinos al Paraguay. Trae intranquilidad a una realidad regional que no precisaba".
Para otros analistas, como Silvia Lemgruber, del Observatorio de Política Sudamericana del Instituto Universitario de Investigaciones de Río de Janeiro, "la introspección brasileña causada por su crisis política actual llevó a la región a oscilar entre dos extremos: la amistad y cooperación de EE.UU., de un lado, y la integración sudamericana del otro".
A principios de año se divulgó aquí un extenso informe del Centro de Inteligencia del Ejército con un "mapeo" de la "presencia de EE.UU. en América del Sur". Según este cuerpo de inteligencia, hay varias pistas construidas por militares estadounidenses en localidades próximas a Brasil. Señala entre ellas ciudades como Pedro Juan Caballero, Salto del Guairá y Coronel Oviedo.
En un documento, elaborado por el coronel José Alberto da Costa Abreu, presentado en noviembre de 2002 en la Escuela de Comando del Estado Mayor del Ejército, éste advertía sobre los efectos que tendría para Brasil una presencia "masiva" de EE.UU. en América del Sur. En ese contexto, disminuiría la "capacidad brasileña para proyectar poder en el ámbito regional" y establecería un "cinturón de instalaciones próximas a la región amazónica".
Antecedentes
Un tema preocupante
En una investigación publicada en la edición del último domingo, Clarín informó sobre el debate abierto en Paraguay tras la reciente inmunidad concedida por el gobierno de Asunción a 400 soldados de EE.UU. para que cumplan ejercicios milita res y de asistencia social.
El acuerdo es el más amplio de la historia, se extiende por 18 meses hasta diciembre de 2006 y es prorrogable. La iniciativa ha levantado temores de que EE.UU. intente instalar una base permanente en el país, lo que ha sido negado por el gobierno de Asunción.
El lunes, fuentes de la cancillería argentina admitieron a Clarín que las autoridades de Buenos Aires nada pueden hacer, desde lo jurídico, para impedir la presencia de "marines" en Paraguay, aunque miembros de la oposición pidieron al gobierno que "recomiende", en el marco del Mercosur, la no intromisión de "elementos externos armados a la región".
Desde Washington, varios analistas consultados por este diario manifestaron sus sospechas de "una agenda oculta" de Washington en la zona, pese a que fuentes del Pentágono y del Departamento de Estado negaron que haya planes de instalar una base o desplegar tropas por un lapso prolongado.
El monopolio del Pentágono
Claudio Mario Aliscioni
El Comando Sur estadounidense siempre se rehusó a ceder el monopolio del entrenamiento militar en Paraguay. No es un dato muy conocido, pero hubo intentos europeos por quebrar la supremacía de Washington que fueron torpedeados desde sectores de Asunción ligados a Washington. Uno de esos proyectos se remonta al año 2000, cuando la Unión Europea propuso modernizar la Defensa. La idea era opuesta a la que EE.UU. fogoneaba en Paraguay: los europeos rechazaban la injerencia militar en la lucha antidrogas y antiterrorista; proponían terminar con el servicio militar; querían recortar el número de generales; reclamaban más dinero para la educación académica; y favorecían más intercambio castrense con Europa. Un grupo de militares y dos periodistas participaron de un seminario durante un mes en el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado, en Madrid. Luego, los consultores españoles llegados a Asunción se quejaron por las "trabas de la burocracia política" y se fueron. La presencia estadounidense siguió afirmándose.
LAS RELACIONES EE.UU. - LATINOAMERICA: LA HEGEMONIA IMPULSADA POR LA CASA BLANCA
El largo brazo del poder de EE.UU. sobre la región
________________________________________
Oscar Raúl Cardoso.
Eco de un pensamiento pesimista común en EE.UU. hace dos décadas, y a la luz de los numerosos topetazos que se está dando doméstica e internacionalmente, una corriente de analistas regresa hoy sobre el vaticinio de un fin cercano para lo que llaman el poder imperial de la hiperpotencia.
Coral Bell, académico australiano especialista en estrategia, escribió hace poco que "podemos estar asistiendo al crepúsculo del mundo unipolar" conocido desde el colapso soviético de comienzos de los 90. La combinación Irak-Katrina catalizó estas especulaciones. Joseph Nye, antiguo número dos del Pentágono con Bill Clinton, asegura ahora que el "poder blando" —esto es el atractivo que ejerce sobre el resto del planeta emular instituciones, éxitos económicos y cultura de su país— también sufre decrepitud. Nye había acuñado el concepto para oponerlo al tradicional de "poder duro", la enorme capacidad militar de Washington.
La ecuación que sustenta este pesimismo (u optimismo, según del lado desde el que se lo mire) es compleja: el estado de la economía estadounidense, su endeudamiento internacional, su dependencia energética, las brechas en la sociedad entre incluidos y excluidos, los costos de ser policía global —misión autoimpuesta por Washington— y hasta ciertos indicios de colapso posible en la estructura de sus fuerzas armadas, figuran entre los indicadores relevantes.
Para el resto de los países parece menos relevante cuán acertado es este diagnóstico de declinación que predecir cómo reaccionará el poder de EE.UU. a las atribuladas condiciones que parecen rodearlo. La posible instalación de bases militares en un país del Cono Sur, como Paraguay, se inscribe en este acertijo crítico, así como lo hace la reacción afligida ayer de Brasil, por boca de su canciller Amorim.
Los síntomas de una renovada mirada torva de EE.UU. sobre lo que considera su área exclusiva de hegemonía, América latina, eran evidentes aun antes de que algunas democracias de la región —Brasil, Uruguay, Venezuela— realizaran lo que Washington percibe como peligrosos giros hacia el centroizquierda.
A fines de la década pasada Washington activó la instalación de la idea de "zonas de baja gobernabilidad" en documentos multilaterales sobre seguridad, resistida al menos hasta ahora porque abre la puerta a intervenciones extranjeras en territorios bajo soberanía de terceros estados —verbigracia la "triple frontera" de la Argentina, Brasil y Paraguay— si lo considerara necesario.
Bolivia, donde el gobierno de Bush denuncia una injerencia encubierta de Cuba y Venezuela que presenta como sedición, es otro escenario conflictivo. El secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, visitó a mediados de agosto Paraguay y Perú trayendo consigo una retórica amenazante como no se escuchaba en la región desde los días de la guerra fría (1945-1991).
Otro indicio sugestivo es que el Estado Mayor de las fuerzas de EE.UU. acaba de elaborar un documento que propone el uso preventivo de armas nucleares contra países, que al ojo receloso de Washington, pueda estar favoreciendo o encubriendo al terrorismo antiestadounidense. En la cuenta actual importa poco si los bárbaros están realmente rodeando al imperio, o si este está condenado por las barbaridades de los propios; urgente es saber qué puede hacer hasta que esa incógnita se despeje, de uno u otro modo.

Escribe un comentario